domingo, 13 de noviembre de 2011

Una noche de infidelidad.


Reunidos en una modesta pero confortable  sala avituallada como foro y por donde han pasado un sinfín de historias, uno a uno van llegando los amigos que cumplen con el compromiso contraído días atrás.
De inicio el ambiente se siente tenso y casi vacio, pareciera que se olvidaron de la cita a la cual están invitados con varios días de antelación, la hora se acerca y el corazón comienza a retumbar porque el gran momento llega, este gran encuentro pactado y bien sabido donde se juntan las personas para vivir una experiencia que debe ser enriquecedora.
En mi camino a ese encuentro voy recordando las otras mismas veces a las que fui invitado para reunirme en pro de estar junto a otras personas conviviendo y seduciendo por medio de la palabra, no sólo se necesita de un  buen dialogo o de un buen atuendo, también se necesita estar abierto de espíritu, ser sensible y así poder convencer a quien tenemos de frente, se necesita impactarlo robándole una sonrisa, robándole una palabra cálida que nos haga recordar este momento.
Al llegar a la cita me encuentro con algunos rostros nuevos, esta situación me incomoda pero sé que llegue al lugar correcto donde con ansias e interés esperan por mí. También me encuentro con rostro conocidos y el dulce recuerdo de la convivencia humana llega a mi; llega con un saludo, llega con una palabra de bienvenida y de profundo agradecimiento. Definitivamente llegue al lugar correcto.
Los minutos pasan, con estos pasan también las pláticas de los convidados que aumentan y preparan el ambiente, de igual pasan los que faltan por llegar y van acomodándose en el lugar que eligen. La sala, aunque no está llena, tiene la suficiente cantidad de personas para iniciar el ritual que desde hace miles de años se viene practicando y que aunque pareciera ya perdido sigue siendo motivo de atención de algunos.
El segundo cero llega rápidamente, ese segundo donde pareciera que el tiempo se detiene para dar paso a la acción, a la tan esperada interacción entre una persona y otra porque el tiempo llego para que suceda la magia del encuentro.
A media luz se mira la silueta de un hombre atravesar la sala, esa silueta de repente es iluminada casi sin esperar por un destello en la parte del frente. Justo junto a él vemos como fluye su energía, la energía típica que se desborda cuando de rituales se trata, una energía firme aunque pequeña  y de repente me pregunto ¿qué es aquello que habré de recibir esta noche de este encuentro? ¿Qué es aquello que obtendré de esta aventura? Se le mira tenso pero seguro de sus acciones, me transmite un aire de nerviosismo pero yo que soy un poco menos sensible que él  trato de apartar su miedo de mi cabeza para no irrumpir su presencia.
Este hombre me habla directamente a mi, aunque no me cruza la mirada se dirige a mi y su mensaje es claro “INFIDELIDAD”; dice pocas palabras pero todas son certeras, me habla de  esta situación donde el amor se ve opacado por situaciones donde aventuras sexuales y sentimentales con otras personas ajenas a la relación de pareja se adueñan de mi vida y me roban la seguridad y tranquilidad que tanto e buscado.
De esta manera se inicia el ritual del teatro con la obra titulada Nosotros los Infieles, una tragicomedia dirigida por el maestro Sergio Peregrina y su grupo de teatro, una tragicomedia donde observamos situaciones conocidas en la vida de las familias de todas partes del mundo pero con un toque típicamente veracruzano.
En escena vemos a las parejas engañando, siendo engañados mintiendo y luchado por conseguir, mantener y librarse de sus amoríos. Con actores jóvenes pero experimentados, el maestro Sergio Peregrina y su aguda visión del arte histriónico nos hace reír, reflexionar  pero sobre todo revivir nuestra pasión por el teatro.
Con una corta pero sustancial temporada auguramos un gran y buen éxito al más prodigo de los hijos de Dionisio en tierras Veracruzanas. No te pierdas esta excelente obra de teatro donde te sentirás delatado por tu infidelidad.