lunes, 10 de enero de 2011

Que bien huele esta basura.

En el ambiente hay un aroma a mal, el ambiente desprende ese olor que llega al alma y no se puede quitar. Todo el ambiente está contaminado y parte de ese problema soy yo. Creo que es un problema porque no se qué hacer ahora ni tampoco sé como solucionarlo, sólo sé que ahí está y tal vez ahí se quede por muchos más años que yo.
Es muy fácil identificarlo por cualquier lugar, es un mal visible y latente que día a día se agudiza más. Es un mal incontrolable derivado del consumo y la irresponsabilidad.
Mis mismos hábitos de consumo, donde todo lo quiero poseer y mi incapacidad para desarrollar la cultura de cuidado han hecho de mi ambiente un lugar más sucio que antes y saturado en todos los sentidos. Por donde quiera veo gente, donde veo a la gente también veo la huella o los rastros que dejan. Algunas de sus huellas son muy agradables, ya que el ser humano trasciende en la medida que comparte pero otras huellas son desagradables y ahora más que nunca se están convirtiendo en huellas imborrables.
Que fácil es caminar por la calle y no darme cuenta de mis actos, que fácil es consumir y consumir y no ser consciente de a dónde van a parar los restos de lo que consumo y aparte con mi depredación voy modificando al mundo de forma que nunca lo podré recuperar.
Que ganas tengo de tomar la colilla de cigarro que botaste al suelo y así encendida aventártela por la cara, esa acción te servirá para que aprendas de la palabra daño.
Que bien huele la basura acumulada por toda la ciudad.

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